Soy lo que soy. Disculpen si mis palabras no juegan con ustedes en un baile de verano. Tampoco es que quieran hacerlo, todo sea ya dicho.
No puedo vivir para siempre, pero ellas sí podrán. No bailarán, pero sí resonarán en sus oídos... o, en última instancia, rozarán sus dedos en hojas desgastadas de papel.
sábado, 7 de mayo de 2011
Silencio.
¿Para qué hablar? No había palabras. Se habían comido su lengua.
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