jueves, 10 de junio de 2010

Perdemos.

Podría decirte, como en tantas ocasiones, que los relatos vacíos no nos cuentan nada; que una lágrima llorada se pierde para siempre; que una sonrisa se desvanece antes o después. Pero todo eso, por supuesto, ya lo sabes. Lo aceptas.

Y volvemos entonces al principio, donde el maravilloso imperio se desmoronará piedra a piedra cayendo en las aguas de un turbio río hasta desaparecer. Tal vez en un futuro lejano consigan encontrar algo de esto que perdemos, o quizá no. Sólo sé que yo, tú, él, todos perdimos algo difícil de recuperar.

No sé cuándo, ni cómo ni por qué, pero eso que siempre estuvo ahí se desvanece. A cada segundo —uno, dos, tres...— la oscuridad nos engulle y hace que nos confiramos a un mundo alterno a la realidad donde todo son figuras de colores.

¿Me he vuelto ya loco, o sólo es mi imaginación?

Ah, sí, lo que decía. Tú, él, yo. Nosotros. Todos dejamos escapar el águila que se escondía en nuestro interior. Y voló libre, como el pájaro que es. Nadie la encerró en una jaula, ni la ató con cadenas, ni le arrancó las plumas, ni le rompió las alas. Simplemente la dejaron volar.

El huracán de la tarde chocó contra ella y la hizo caer a tierra.

Entonces, vuelta a empezar. Se construyó un nuevo imperio. Cayeron sus murallas.

Volvemos al principio. Un principio que también tendrá —o es— final. Todo lo que empieza tiene que acabar, y lo que concluye... lo perdimos.

Me di cuenta entonces de que tú, yo, él, nosotros, perdimos algo importante. Algo que empezó, pero que también terminó; que volverá a comenzar para volver a concluir.

No me cuentes relatos vacíos, porque no tienen sentido. No llores, porque no debemos sentirlo. No rías, porque la sonrisa se disipará.

Vacío.

¿Dónde fue? ¿Voló libre?

1 comentario:

  1. Moitas veces, a vida ponnos en situacións que nos poñen nun estado no que cremos que nada pode ir ben. Recoñezo e sei que é difícil, pero de case todo se pode sacar algo bo (non porque eu sexa capaz, que non quero facer demagoxia). Se cadra, o que máis difícil resulta é distingui-lo sorriso que escapa para non volver da ave que marchou pero que, sen dúbida, volverá, porque en realidade nunca marchou.

    ResponderEliminar