sábado, 8 de mayo de 2010

~4


Suelen comentar que de sueños no se vive, pero siempre nos queda ser conscientes de que estos nos ayudan a subsistir. ¿O habrá alguien, por viejo, joven, sabio o ignorante que sea, que no haya jamás anhelado algo? Incluso los deseos más ocultos, esos misterios que se esconden en lo más hondo de nuestro corazón por miedo a salir, abren de vez en cuando la puerta que dará paso a la luz. Y si ésta entra, ellos salen; porque la luz los guía, les muestra un mundo diferente, un lugar donde todo puede hacerse realidad si luchamos por lo que más queremos.

Desde niños, los demás se ocupan de introducirnos en una realidad que, poco a poco, irá vendando nuestros anhelos de la misma forma en que cierran la puerta del corazón con dos vueltas de llave —asignemos aquí el crecer, donde el volverse adulto implica abandonar las “absurdas” ideas y esperanzas infantiles—. Si no somos conscientes de ello, perderemos nuestros sueños; y no hay nada más triste que una persona frustrada por su propia incapacidad de luchar.

Alguien me dijo una vez que combatir por lo que se desea no es malo. Es decir, nuestra lucha por cumplir nuestros sueños es como una guerra, pero una donde no es necesario derramar sangre sino pelear con la racionalidad, con el ingenio, con el corazón. Porque siempre que sea posible, yo, al menos, quiero vivir mi sueño. ¿Tú no?

3 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  2. Pero, incluso si son inalcanzables, si somos capaces de establecer una línea que nos ayude a ser realistas, nadie nos va a impedir soñar. Y luchar por seguir soñando, por vivir en un mundo a la par de la triste realidad, siempre nos dejará el gusanillo de la esperanza nadando en el mar de nuestro pensamiento.

    ResponderEliminar
  3. Eu vívoo, si. Sin lugar a dudas unha vida feliz non descarta usala racionalidade..e unha vida sin soño...eu non a concibo, non tería aspiracións.

    ResponderEliminar