domingo, 7 de febrero de 2010

Aquí, hace mucho tiempo.




Cuán grande se veía el lecho, allí, en el dormitorio, vacío. La silla, a un lado, sin ropa. El vaso de agua sin líquido pero lleno de polvo en la mesilla.

Junto a la ventana de raídas cortinas una silla de madera resonaba quejumbrosa en amargos estallidos mientras las termitas se la llevaban. El sonido del arrollo no existía ya y el viento entraba a través del roto cristal. Hacía frío, mucho frío. Era un invierno cargado de nieves y ventiscas.

Los pasos resonaban sobre los empolvados listones de madera del suelo medio podrido. ¿Podrían romperse bajo su peso? Era un riesgo peligroso.

Una piedra yacía bajo la ventana, junto a los cristales. Gruesa, grande, manchada de tierra.

Una lechuza cantó fuera. Los cuervos se agitaron después, inquietos.

Por lo demás, el lugar estaba desierto. Ninguna persona, ningún fantasma, ningún nuevo recuerdo… ninguna necesidad de volver al pasado, antes de que se hubieran marchado.

El pueblo estaba vacío. Fuera, los verdes pinos danzaban en el valle al ritmo de rumores montañosos.

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