Sólo estás ahí sentado a los pies de mi cama, en una vieja silla de madera, observándome constantemente. Esos ojos, esos horripilantes ojos grises que semejan hielo por su frialdad, me dan escalofríos. Cómo quisiera poder sacártelos; así conseguiría que dejaras de mirarme por fin.
Pero no sólo son tus ojos, por supuesto. Además sonríes alegremente, con los hoyuelos marcados en las mejillas y dejando a la vista una hilera de perfectos dientes blancos. Las manos, sobre tu regazo, están entrelazadas y cubiertas por guantes blancos.
—Apaga la luz, hijo. —La puerta del dormitorio se cierra tras mi madre.
Apagar la luz, claro. Y así, con la proveniente de las farolas de la calle, tu rostro se volverá mucho más tétrico. No entiendo por qué mamá insiste en dejarte aquí, en mi habitación, cuando estarías maravillosamente bien pudriéndote en el vertedero.
Por dios, deja de mirarme. Me encantaría sacarte los ojos, ¿te imaginas el placer que me produciría? Y es muy posible que lo haga; sí, lo haré. Usaré el bolígrafo del instituto, bastará, ¿no crees?
Adiós, ojos de mi querido payaso de juguete.
Interesante forma de describir al payaso de juguete, parece que te estás refiriendo a una persona, hasta que llegas a la frase final.
ResponderEliminarjajaj o decirle..olvídate y pega la vuelta.
ResponderEliminaramarlo podría ser una opción, no? besos!!