
Simplemente calla. Calla y escucha, rodeado del silencio de tus propias palabras sujetas por cuerdas invisibles hechas de espinas afiladas que desgarran la piel y hacen brotar la roja sangre. ¿No oyes el sonido de las voces retumbar en el interior de tu cabeza? Sí, tienes que escucharlas, tendrías que sentirlas...
Pero no las percibes. Silencio. Calla. Vuelve a escuchar.
¿Sigues sin oírlas? Oh, entonces yo soy privilegiado porque siento sus lamentaciones, su ira, su horror, su desesperación y hasta sus alegres carcajadas cargadas de ironía. Ellas me guían y me aconsejan, hacen que mi vida sea, ¿cómo decirlo?, mejor. Me alejan de las malas personas, gente que, como tú, no puede entenderlas ni escucharlas y las considera un mero producto de mi perturbada imaginación. Dicen que soy un loco, pero eso no es más que una pura mentira. ¿Loco yo? Jamás. Soy el más juicioso de los cuerdos y el menos demente de los locos.
—Muévete —gruñe una de las desesperadas voces—. No es de fiar. Hazlo.
No eres alguien de confianza. Ellas me lo dicen y, gracias a eso, puedo ver el reflejo de tu maldad en el espejo dibujado dentro de mi corrupta imaginación. Sólo quieres hacerme daño, destrozarme la vida y hacer callar a las voces, mis guías en este infierno terrenal.
Puedo decir con orgullo que una vez más seguí el consejo que ellas me dieron. Yo lo hice. Yo te maté.
Me gusta este monólogo interior "dialogado". Gratamente sorprendida.
ResponderEliminarTienes pasión por la escritura, ganas, ilusión... Pues adelante y "Cojones duros", título de un poema de Carlos Marzal. Te dejo los últimos versos:
Para viajar allí, donde el poema,
un escritor requiere algunos víveres:
cierto devoto amor por los difuntos,
cierto olfato verbal, cierto talento,
cierta ebanistería del oficio,
cierto dios sabe qué de inexplicable.
Y en especial tener cojones duros,
para no sentir miedo de perderse,
para el delirio de apostar con fe,
para adentrarse solo en tierra extraña,
para el forzoso puerto del fracaso.
Una fuerza moral.
Consiste en eso:
una fuerza moral contra el destino.
Un beso, Sandra, y cojo...
Bonitos versos, buscaré el poema completo para leerlo.
ResponderEliminarMe alegra haberte sorprendido.