
Disculpen mi no ignorancia frente a tal relevancia. No necesito pensar para darme cuenta de que soy una cáscara hueca y vacía. Ahora mismo no tengo sentimientos ni ganas de hacer nada, pues eso supondría sentir algo —y ya dije que no, no siento nada en este instante—. Soy como una caja de sorpresas, pero careciente de maravillas; como un calcetín de navidad colgado en la chimenea donde nunca dejarán nada; como una religión sin un dios guía.
Soy, tal vez, un cuerpo con una vida inmerecida. Puedo hacer muchas cosas, pero ninguna satisface mis deseos. De todas formas, ¿cuáles serían estos? Ah, lo que sí puedo hacer es pensar, reflexionar sobre mi propia y miserable existencia. Cómo nací, cómo viví, o más interesante aún, cómo moriré. Un espectro entre los vivos, puesto que estoy privado de un corazón que me permita redimir mis oscuros pecados.
Soy un caparazón pensante, pero no sentimental; nunca siento nada —ni quiero sentirlo, ya sea dicho de paso—.
Y sigo insistiendo en que, para mí, reflexionar sobre la —mi— vida es una mierda.
No hay comentarios:
Publicar un comentario