Gritó, chilló como si su vida dependiera de ello.
La chica se agazapó en un rincón, mirando un punto negro en el suelo, mientras seguía vociferando. Si aquella cosa peluda, grande y negra seguía acercándose a ella, más le valía morir antes que tenerla encima.
Su madre, asustada, irrumpió en la habitación y, cambiando su semblante a uno de irritación al ver la razón de los gritos de su hija, se sacó la zapatilla y la estrelló sobre la indefensa araña.
Los gritos cesaron y la mujer suspiró. A veces la aracnofobia de su hija le daba unos sustos...
El miedo no es más que una muestra de la debilidad mental del ser humano.
ResponderEliminarJusto este no es uno de mis miedos , se trataría de aracnofilia en todo caso.Sin embargo toda mente tiene miedos irrazonables en los que ahondar para ver su origen; mientras tanto la protección de los nuestros nos deja seguir haciendo camino.
ResponderEliminarMe gusta con que aparente sencillez narras y lo cíclico de la historia; enhorabuena*