
Ser o no ser es, ésa es la cuestión. Preguntémonos, entonces, qué somos. Como seres humanos, tenemos una serie de necesidades, preferencias, ansias; buscamos la felicidad para sentirnos bien con nosotros mismos y, sin duda, ésta se manifiesta de diferentes maneras dependiendo de cada persona. La diversidad es, por tanto, una riqueza; si todos fuésemos iguales, caeríamos en la monotonía del aburrimiento.
En nuestro caso, queridos lectores, la pregunta que nos realizamos no es qué somos, sino algo todavía más complejo a la hora de analizar dicha cuestión: ¿somos lo que escribimos? Si de algo podemos estar seguros es de nuestra existencia, como bien expresó en su momento el conocido francés Descartes; si existimos, pues, vivimos y, dado esto, pasamos por una serie de etapas. Crecemos, evolucionamos, maduramos. Y este ciclo interminable, que se repite una y otra vez en el mundo, conlleva una serie de emociones, sentimientos y pensamientos.
Cuando escribimos es inevitable que, al menos inconscientemente, dejemos en nuestras historias una marca de nuestras propias experiencias vitales. Tal vez no nos limitemos a hacer una biografía, pues esto conllevaría la exposición de nuestra vida tal cual la hemos concebido, pero sí recurrimos a la creación de personajes que, obligatoriamente, requieren de una personalidad que nosotros moldeamos a nuestro gusto. Estos personajes, a su vez, sienten, viven, crecen, evolucionan, maduran y mueren a lo largo de la historia. Y se llevan consigo una parte de nosotros porque, queramos o no, nuestros sentimientos se reflejan a través de las vivencias y de las emociones de aquellos seres a los que les damos vida.
La pregunta en cuestión, reiteremos, sería: ¿somos lo que escribimos? En mi caso, respondería a ella con otra pregunta: ¿cómo no serlo si, al escribir, plasmamos nuestros propios sentimientos a través de alguien ajeno?
Una reflexión muy necesaria para y de los que escribimos (aunque yo no me lo haya planteado nunca; en fin, poco a poco). Los personajes que creamos siempre llevan en ellos una parte de nosotros, son nuestros hijos, en cierta forma. Gracias por compartirla.
ResponderEliminarInteresante pregunta, siempre he creído lo que dices, que una parte de nosotros está en cada historia, pero de ahí a Ser lo que escribimos es algo que cuesta un poco interpretar, yo creo que si somos lo que escribimos ya que solos los creadores de estos pequeños mundos, pero si bien no son todos reales ni completamente nuestros si hacen que seamos parte de ellos mismos.
ResponderEliminarSer: Poco a poco, como decimos siempre. No vamos a descubrir el mundo en un vaso de agua de la noche a la mañana ^^
ResponderEliminarAsumi: El enfoque que yo le di a esta reflexión fue, más que nada, en torno a lo sentimental. Hay otras cosas, como el universo reflejado o la época en que ambientas los hechos, que ya son más difíciles de caracterizar. De esa forma todavía no me he parado a pensarlo... pero debería. Somos parte de lo que escribimos de la misma manera que nuestros escritos lo son de nosotros.
Gracias por comentar aquí, chicos :3
Muy cierto, ^^. Gracias.
ResponderEliminarLos temas que tratamos en nuestros escritos proceden, a mi modo de ver, de nuestra imaginación y de nuestras vivencias, y es muy difícil que una parte de todo este cúmulo de ideas y experiencias no encuentre una puerta hacia aquéllos cuando se empieza a escribir.
En línea con lo que dice Asumi, pienso que, si hiciésemos completamente nuestros el espacio y a los personajes, estaríamos escribiendo una biografía, sería la identificación total entre escritor y narrador. Además, siempre hay unos rasgos que proyectamos con más intensidad que otros, lo que siempre nos ayuda a conocer mejor nuestra personalidad.
Gracias a tí por plantear la cuestión. :3
En mi caso diría que depende. Por lo general cuando escribo quiero dejar de ser yo y ser otra persona. Me gusta olvidarme de quien son y ser una persona totalmente diferente -o en lo que se puede-, y cuando termino el escrito volver a ser yo misma, y al leerlo poder sonreír, sabiéndome capaz de dejar por momentos mi mente.
ResponderEliminarPero ciertamente, en cada personaje ponemos un poco de vivencias, otro tanto de personalidades y jugamos a ser El Creador.
Me gusta tu reflección y creo que no he respondido acertadamente, sin embargo ese es mi punto de vista.
No soy lo que escribo, porque cuando escribo no soy yo, soy una persona con ideas que quiere plasmar y lo hace.
Me dejas mucho que pensar.
Entiendo tu punto de vista, Karu, y lo respeto como tal. Personalmente, a veces también quiero evadirme y ponerme en la piel de otra persona... pero inevitablemente, caigo en lo citado: plasmar los sentimientos a través de mí misma. Y por ello, aunque trate de hacer cosas ajenas, creo que sí soy lo que escribo, porque lo que escribo, asimismo, es parte de mí. No sé, es una opinión que, quizás, algún día cambie. Todo es cuestión de perspectiva y reflexión. Y, en este caso, me centré principalmente en los sentimientos, no en el resto del universo imaginativo.
ResponderEliminarGracias, chicos, por comentar :3