La reciente herida sucumbió por fin al hilo de la roja esencia, que se extendía sobre el mugriento y sucio fondo dando un toque de no-destacado color en medio de las tinieblas. La mano pálida, casi etérea, se movía lentamente, como el susurro de la brisa nocturna que la acompañaba en un silencioso tormento.
Quiso dejar de bailar, y la oscuridad la rodeó. Los sombríos ropajes se ciñeron como cadenas en torno a la débil carne haciéndola pesada. Se rindió frente al poder mayor y cayó un poco despacio, luego bruscamente, hasta que los pétalos de rosa roja la bañaron en todo su escaso esplendor, ensuciándole los despintados labios.
Un débil grito de abandono rasgó el aire.
La muerte llega presto.
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