sábado, 29 de agosto de 2009

Hierbabuena.

Cogió el frasco de perfume y lo observó con atención. Pequeño y redondeado, carecía de una etiqueta que le permitiese saber a qué olía. El color verde claro del líquido que guardaba en su interior fue lo que más le llamó la atención.

-Miguel, ¿qué haces? –El aludido giró la cabeza y le sonrió a su amigo.

-En seguida voy.

El joven volvió la cabeza hacia el frasco de perfume y desenroscó la tapa con cuidado. Entonces, el olor a hierbabuena le inundó la nariz. Comprobó con sorpresa que ese aroma era el mismo que tanto le gustaba a su novia, Cristina, y sonrió alegre.

Miguel se acercó a la dependienta más próxima y le dio el dinero correspondiente al frasco de perfume. Luego, lo guardó con cuidado en su mochila y corrió en dirección a su amigo. Ya tenía el regalo perfecto para el cumpleaños de Cristina.

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